Inicio
Mar, 30/07/2019 - 12:07
Rebeca
Contents

    La región de Bohemia

    La región de Bohemia

    Una de nuestras rutas más variopintas, atractivas y queridas es la que parte de Praga, en la región de Bohemia, y llega hasta Dresden siguiendo el curso del Elba. Bohemia es una región histórica que, junto con Moravia y Silesia, conforman la República Checa, antes parte de Checoslovaquia. Limita al norte con Polonia; al este; al sur, con Austria; y al oeste y noroeste, con Alemania. Y tiene muchas, pero que muchas, maravillas que mostrarnos.

    Bohemia, espléndida

    La historia ha sacudido la región checa en numerosas ocasiones, y especialmente Praga, su capital y punto de partida de una de nuestras rutas más románticas en todos los sentidos de la palabra: la que une Praga con Dresden. El siglo XX se encarnizó especialmente con la región: dos guerras mundiales, la invasión nazi, el éxodo judío, los estragos del comunismo... Pese a ello, Bohemia luchó con inteligencia y humor contra sus dominadores, desde los austrohúngaros a los soviéticos. Aquella ironía se desvela, por ejemplo, en la celebre literatura de la cual la región fue la cuna y también en su ambiente, intelectual y jacarandoso a la vez.

    Hoy día, Bohemia evoca imágenes de castillos de cuento, rodeados de bosques frondosos y de lujosos balnearios. En sus ciudades, las más importantes de la República checa incluyendo Praga, los museos, las galerías de arte y los teatros son el centro sobre el que orbita la actividad de la ciudad (Pilsen, por ejemplo, fue declarada, en 2015, Capital Europea de la Cultura. ¡Y allí se produjo la primera cerveza rubia del mundo y homónima de la ciudad: ¡la universalmente querida Pilsen!). Esta riqueza paisajista unida a una cultura opulenta y alegre hace que nuestra ruta sea una de las más queridas: en sólo 6 días ofrece una variedad tan atractiva como sorprendente. Además, los recorridos la conforman, en su mayoría llanos, son accesibles para cicloturistas de todos los niveles.

    Praga, la capital de Bohemia

    Praga, la capital de la región, es una ciudad medieval cuyo centro histórico encierra rincones mágicos. Raro, sino imposible, se hace encontrar a alguien que alguna vez haya visitado la ciudad sin quedarse prendado de ella. Es legítimo preguntarse cómo es posible que Praga, con su fatídica historia, se muestre así de espléndida y vigorosa hoy en las calles de la Ciudad Vieja, en sus edificios medievales, renacentistas y barrocos, en sus tiendas y restaurantes tradicionales. Pero quizás sea precisamente su historia, que la ha hecho capaz de resurgir de sus cenizas una y otra vez, la que hace que hoy el corazón rebelde e imbatible de la capital checa palpite en cada uno de sus rincones y monumentos.

    Praga es una ciudad intelectual y amante del arte que se debe ver, sentir e incluso escuchar. Evocaba Jaroslav Seifert, premio Nobel de Literatura, en su obra “Toda la belleza del mundo” el sonido del deshielo del Moldava, cuando los témpanos chocan con los rompehielos del Puente de Carlos. Más melodiosos son los violines nostálgicos de las orquestinas que tocan en los pruchody, los típicos pasajes techados que atraviesan las casas. Y si tenéis la suerte de poder viajar allí en primavera, el día 12 de mayo, fecha en que murió el compositor Smetana, arranca la Primavera de Praga, uno de los festivales de música más antiguos de Europa. Además, es muy buena fecha para recorrer una ciudad que pide ser pedaleada para disfrutarla al máximo. Recordad que nuestra ruta está disponible para hacer en cualquier momento del año en forma autoguiada. Si optáis por una ruta con guía, aquí podéis consultar las fechas disponibles.

    La Bohemia bohemia

    La palabra bohemia se asocia al estilo de vida que se aparta de las convenciones sociales y que privilegia el arte y la cultura sobre las cosas materiales. Aunque su significado ha tornado un poco con los siglos, deriva del nombre de la región, de la época en la que numerosos grupos de gitanos, cuyas vidas y valores sociales eran absolutamente diferentes a las del resto del pueblo, partieron de Bohemia hacia Francia y otros países de Europa. Los bohemios, además de llevar vidas desordenadas, durmiendo en cualquier sitio y comiendo precariamente, tenían una forma de pensar libre, eran ateos o agnósticos y criticaban el estilo de vida de la aristocracia. Los intelectuales franceses, entonces, aunque con modos de vida muy distintos, pudieron encontraron ese punto común en la bohemia que enfrenta a los “valores” impuestos por los grandes poderes sociales. Por eso, acuñaron un término que se fue moldeando con su evolución.

    Volvemos al significado vigente hoy día, el del movimiento que privilegia el arte y la cultura, para asegurar que le queda a la región su adjetivo homónimo como anillo al dedo. Pero no me creáis, id a comprobarlo en bici (y sin preocuparos por las maletas, ¡por supuesto! 😉)

    Nos vemos por el mundo y nos leemos en el blog.

    By Rebeca
    Añadir nuevo comentario